3 de marzo de 2016

Ensancha el alma


Esta semana dedico mi entrada a lo bonito que es echar de menos, y a todas las personas que desean hacerlo, bien sea para el recuerdo o para recuperar energía. Vale la pena que te echen de menos.

Noches en las que echas de menos con toda tu alma. Momentos, instantes que no dejan indiferente. Experiencias. Vidas tejidas con tela de araña que acaban siendo una novela.


Uno vale tanto como el valor de sus deseos. Cada personalidad gestiona su día como puede y es en los momentos complicados dónde se ve perfectamente la materia de cada uno. Del cómo actúa y cómo gestiona. En la práctica, se perciben signos que con más razón o acierto me parecen significativos para reconocer a una persona. Observa el lenguaje del cuerpo, la postura, los micro gestos, la ropa, el aspecto físico, la respiración, las manos, el lenguaje, las afirmaciones y negaciones, así se configura el ‘GPS personal’ que acompaña a lo vivido. Se puede oír lo que dicen las personas, sólo hay que aprender a escuchar.

Me desvivo por las personas que no quieren ser importantes porque saben que ya lo son y gestionan el detalle para que otros disfruten.

Adoro las personas que no piensan mal, las que mantienen posturas naturales y se conforman con lo que reciben, porque están en equilibro. Si reparten un beso, contagian buenos deseos y es en esa contra-trasferencia donde reside su generosidad.

Sólo sufrimos porque pensamos que las cosas deberían ser de otra manera. Dejamos de hacerlo aceptando la subida de pulsaciones y emociones condicionados al ritmo de la vida que en gran medida lo marcas tú. Lo que sucede siempre es lo mejor que podría haber sucedido.


Ser mejor, vivir intensamente y triunfar en la medida en la que los méritos lo permitan, contribuye a no sufrir unos por otros. 

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