19 de septiembre de 2016

Aterriza como puedas

Y no tanto como debas. Surgen problemas y tenemos que ocuparnos de ellos. Decididamente, esta tarea no debería ocupar todo nuestro tiempo. A menudo es muy difícil encontrar el equilibrio de la intensidad emocional en una situación. Hablemos de facilitar el proceso para ver algo más que obstáculos.

Esta semana preparo un documento para la Fundación Ingada que presento a sus asociados bajo el lema ‘Ayudar al que ayuda’. En efecto, creo que la preocupación por uno mismo debe estar siempre por delante, para poder así atender a otros o abordar nuevos proyectos.

A veces la capacidad de no involucrarse se hace tan difícil que nos vemos limitados para establecer distancias. Aprender a poner límites es fundamental para higienizar nuestra vida.

Hoy en día comentamos nuestros estados con frases como “estoy deprimido”, “estoy de bajón”, “no estoy de ánimo”, etc. Estas frases reflejan el estado emocional de la persona y van más allá de la propia emoción. Es básico aprender a regular nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestras acciones, de manera que se conviertan en facilitadores de proceso de cambio, en lugar de en obstáculos.

El objetivo es aprender a cambiar nuestros estados emocionales, conscientes de que existen diferentes tipologías de personas y que además cada una es responsable de lo suyo. Finalmente seremos capaces de establecer fronteras emocionales.

Tengamos en cuenta que las emociones son contagiosas y que una sola persona puede influir en el tono emocional de un grupo.

Existen diversas técnicas que podemos utilizar para mejorar nuestro estado emocional y el de las personas que nos rodean tal como leeréis en posts anteriores. Para identificar estados emocionales, tomar conciencia de bloqueos o cambiar comportamientos, se pueden utilizar disciplinas como Coaching, Inteligencia emocional, PNL (Programación Neurolingüistica). Estas referencias nos ayudarán a generar cambios, además de seguir los protocolos recomendados, en su caso,  por los especialistas habituales.


En conclusión, terminamos la tarde conscientes de la importancia de plantear aspectos relativos a nuestro estilo de vida y en consecuencia poder escuchar nuestro cuerpo, valija perfecta que no para de enviarnos mensajes.

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